El turismo europeo entra en una nueva fase de reflexión política.
Reunidos en el seno del Consejo de la Unión Europea, los Estados miembros han adoptado unas conclusiones destinadas a orientar las próximas actuaciones europeas en materia de turismo. El texto no crea nuevos trámites para los viajeros, pero establece una hoja de ruta política para un sector considerado esencial para la economía europea, aunque expuesto a numerosos retos: sobreturismo, cambio climático, escasez de mano de obra, tensiones geopolíticas, transformación digital y necesidad de transportes más accesibles.
Según el Consejo, el turismo representa el 7 % del valor añadido bruto de la Unión Europea, el 10 % del empleo y sostiene a 4,6 millones de empresas.
En su comunicado, la institución recuerda también que el ecosistema turístico europeo, que engloba en particular el alojamiento, los transportes, los servicios y los destinos, representaba cerca del 10 % del valor añadido bruto de la UE y alrededor de 23 millones de empleos en 2019.
Una estrategia europea en torno a un turismo más sostenible
Las conclusiones adoptadas por el Consejo insisten, en primer lugar, en la necesidad de integrar las dimensiones económica, social y medioambiental en las políticas turísticas.
El objetivo declarado es reducir la huella ambiental del sector, especialmente mediante un mejor uso de los recursos, el desarrollo de la economía circular, la descarbonización y la protección de la naturaleza y la biodiversidad. El Consejo subraya también la importancia de un turismo que beneficie a las poblaciones locales y respete el patrimonio cultural de los destinos.
Esta orientación se inscribe en la continuidad de la agenda europea para el turismo 2030, adoptada tras la crisis de la Covid-19, que puso de relieve la vulnerabilidad del sector y la necesidad de acelerar sus transiciones verde y digital.
Repartir mejor los flujos turísticos en Europa
Uno de los puntos más sensibles del texto se refiere al equilibrio turístico entre territorios.
El Consejo considera necesario responder a dos fenómenos opuestos: los efectos negativos del sobreturismo en algunos destinos muy frecuentados y, en sentido contrario, la falta de visitantes en zonas menos conocidas. Se anima a los Estados miembros a analizar mejor estos desequilibrios, elaborar políticas nacionales y regionales adaptadas e implicar más a las comunidades locales en las decisiones turísticas.
El texto pone el acento, en particular, en los destinos periféricos, rurales, insulares, de montaña o aislados. El objetivo es apoyar un turismo más equilibrado, capaz de beneficiar a un mayor número de regiones europeas, y no solo a las capitales, grandes ciudades o estaciones ya muy expuestas a los flujos internacionales.
Conectividad, transportes y acceso a los destinos
Los ministros europeos subrayan también la importancia de contar con conexiones aéreas, terrestres y marítimas fiables, asequibles, accesibles, frecuentes y disponibles durante todo el año.
Esta dimensión es clave tanto para los viajeros internacionales como para los turistas europeos. El Consejo pide desarrollar soluciones de movilidad más sostenibles y complementarias entre los distintos modos de transporte, con el fin de facilitar los desplazamientos hacia la Unión Europea y dentro de ella.
Para los destinos menos accesibles, esta cuestión resulta determinante. Una mejor conectividad podría contribuir a reducir la concentración de visitantes en los lugares más conocidos, al tiempo que apoyaría la actividad económica de regiones que hoy tienen menor presencia en los grandes circuitos turísticos.
Datos turísticos, IA y transformación digital
El Consejo también pide la creación de un marco europeo sólido para los datos turísticos, la interoperabilidad y el uso de la inteligencia artificial.
Esta parte del texto busca acompañar la transformación digital del sector. Afecta tanto a los destinos como a las empresas turísticas, las plataformas, las autoridades públicas y las organizaciones de gestión de destinos. El Consejo insiste en el desarrollo de las competencias digitales, la innovación y la necesidad de garantizar condiciones de competencia equitativas en el espacio digital.
A largo plazo, estas orientaciones podrían influir en la forma en que los datos de afluencia, los flujos de visitantes, la capacidad de acogida, los transportes o los impactos ambientales se controlan y se utilizan en las políticas turísticas europeas.
Empleo, competencias y resiliencia del sector
El texto concede también un lugar importante al empleo en el turismo.
El Consejo pone el foco en la calidad de los empleos, las condiciones de trabajo y el desarrollo de competencias, especialmente mediante la reconversión y el perfeccionamiento profesional de los trabajadores del sector. Esta prioridad se presenta como esencial para apoyar a las empresas turísticas y reforzar la competitividad a largo plazo de la industria.
También se invita a los Estados miembros y a la Comisión Europea a mejorar la preparación ante las crisis. El Consejo cita varios desafíos que ya tienen efectos sobre el turismo europeo, entre ellos las tensiones geopolíticas, el cambio climático y la escasez de mano de obra.
Ningún cambio inmediato para los viajeros
Estas conclusiones no modifican las condiciones de entrada en la Unión Europea ni introducen ningún nuevo trámite de viaje.
Constituyen un marco político destinado a orientar las próximas decisiones europeas y nacionales en materia de turismo. El Consejo invita a la Comisión Europea a informar cada tres años sobre la aplicación de estas conclusiones y a tener en cuenta estas prioridades durante la preparación de la futura estrategia europea para un turismo sostenible.
Para los viajeros, los efectos serán por tanto indirectos y progresivos. En los próximos años, podrían traducirse en una mejor distribución de los flujos, más herramientas digitales, políticas locales más estrictas en algunos destinos muy frecuentados o nuevos esfuerzos para mejorar la conectividad hacia regiones menos visitadas.




