La inteligencia artificial se está incorporando poco a poco al vocabulario de los viajes. Para muchos viajeros, sin embargo, sigue siendo casi invisible. No siempre aparece en forma de asistente conversacional ni como una herramienta claramente presentada como “IA”. Puede estar integrada en un portal de e-Visa, en un sistema de autorización electrónica de viaje, en un control biométrico, en una herramienta de verificación documental o en un sistema automatizado de análisis de datos.
En una publicación fechada el 22 de junio de 2026, el Foro Económico Mundial recuerda que la IA no es una novedad en la gestión de las migraciones. Las tecnologías asociadas a la inteligencia artificial se utilizan desde hace años para analizar grandes volúmenes de datos de identidad, apoyar el examen de solicitudes de visado electrónico o facilitar los controles fronterizos mediante la biometría.
El World Economic Forum también subraya que estos usos ya abarcan buena parte de la cadena migratoria: información y tramitación de visados, verificación de identidad, gestión de fronteras, procedimientos de asilo, asistencia a refugiados, retornos, previsión de flujos y migración laboral. Para los viajeros, estas tecnologías suelen permanecer en un segundo plano, pero estructuran cada vez más el recorrido administrativo antes, durante y después del paso por la frontera.
Unos trámites de viaje cada vez más digitales
En los últimos años, los viajeros han visto multiplicarse los trámites que deben completar antes de la salida. Los visados electrónicos, las autorizaciones de viaje tipo ETA, las tarjetas digitales de llegada o las declaraciones sanitarias y aduaneras en línea forman ya parte del recorrido internacional.
Esta digitalización no significa automáticamente que la inteligencia artificial tome decisiones en lugar de un agente consular o fronterizo. Una tarjeta digital de llegada, un portal de e-Visa o una autorización electrónica de viaje no son necesariamente IA. En cambio, estas herramientas generan y centralizan datos que después pueden cruzarse, analizarse o utilizarse en sistemas automatizados.
Para el viajero, esta evolución se traduce en una mayor exigencia de coherencia. Un error en el número de pasaporte, una fecha aproximada o una información distinta entre un billete, un formulario y una solicitud de visado pueden hacerse más visibles en sistemas interconectados.
Esta transformación no afecta únicamente a los países más avanzados tecnológicamente. Muchos destinos buscan modernizar sus formalidades de entrada, a veces para reducir las colas, a veces para conocer mejor los flujos de viajeros y, en otros casos, para reforzar los controles antes de la llegada.
Visados, ETA y biometría: los primeros usos ya están aquí
Los usos más concretos tienen que ver, en primer lugar, con la identidad y los controles. Las puertas automatizadas, los controles biométricos, el reconocimiento facial o la comparación de huellas dactilares ya forman parte de la modernización de las fronteras.
En la Unión Europea, el Entry/Exit System (EES) ilustra esta evolución. Este sistema registra electrónicamente las entradas y salidas de los nacionales de terceros países que realizan estancias de corta duración, con datos procedentes del documento de viaje, pero también con una imagen facial y, según el caso, huellas dactilares. Posteriormente, ETIAS añadirá una autorización electrónica previa para los viajeros exentos de visado que se desplacen a los países europeos cubiertos por el sistema.
Fuera de Europa, otros países ya han implantado o reforzado sistemas comparables: autorizaciones electrónicas antes del viaje, tarjetas digitales de llegada, portales de e-Visa, controles automatizados en aeropuertos, bases de datos de viajeros o verificación documental en línea.
La IA puede intervenir en varios puntos de esta cadena. Puede ayudar a analizar documentos, detectar anomalías, mejorar la información proporcionada a los viajeros, orientar determinadas solicitudes o anticipar flujos. También puede utilizarse en ámbitos más sensibles, como la gestión del asilo, los retornos, la previsión de desplazamientos de población o la migración laboral.
Trámites más rápidos, pero no exentos de dudas
Uno de los argumentos a favor de estas tecnologías es la fluidez. Un sistema bien diseñado puede reducir los plazos, evitar duplicidades, acelerar las verificaciones y mejorar el acceso a la información. Para los viajeros frecuentes, esto puede significar menos papel, menos espera y unos procedimientos más claros.
Pero esa promesa depende en gran medida de la calidad del sistema. Una formalidad digital mal explicada, un portal poco accesible, un error técnico o una decisión automatizada difícil de entender pueden, por el contrario, complicar el recorrido del viajero.
El Foro Económico Mundial también insiste en un riesgo más discreto: la exclusión digital. No todos los viajeros tienen el mismo acceso a un smartphone, a una conexión estable, a documentos fácilmente digitalizables o a un buen dominio de los trámites en línea. El nivel de alfabetización, la discapacidad, la situación jurídica, la ubicación geográfica o los recursos económicos también pueden influir en la capacidad de utilizar correctamente estas herramientas.
Para algunos públicos, la formalidad digital simplifica el viaje. Para otros, puede convertirse en un obstáculo adicional. Un trámite pensado únicamente para un viajero conectado, equipado y cómodo con los formularios en línea corre el riesgo de dejar atrás precisamente a quienes más necesitan un acompañamiento claro.
También existen cuestiones jurídicas y éticas. Los datos utilizados en los trámites de viaje son sensibles: identidad, nacionalidad, pasaporte, fotografía, huellas, itinerario, motivo del viaje, información profesional o familiar. Su tratamiento plantea preguntas sobre seguridad, transparencia, conservación y responsabilidad.
El marco europeo sobre inteligencia artificial reconoce, de hecho, la especial sensibilidad de los usos relacionados con la migración, el asilo y la gestión de fronteras. Algunos sistemas pueden considerarse de alto riesgo cuando sirven, por ejemplo, para asistir en el examen de solicitudes de visado, permisos de residencia o protección internacional.
¿Quién responde en caso de error?
La cuestión de la responsabilidad se vuelve más compleja a medida que los sistemas se digitalizan. Los trámites de viaje no siempre son diseñados, alojados o gestionados únicamente por administraciones públicas.
Proveedores tecnológicos, plataformas privadas, subcontratistas, operadores biométricos, compañías aéreas o socios encargados de la recogida de datos pueden intervenir en el recorrido del viajero. El Foro Económico Mundial subraya que los responsables políticos deben saber no solo qué hace un sistema, sino también quién lo ha diseñado, quién posee los datos y quién responde en caso de problema.
Para el viajero, esta cuestión es muy concreta. En caso de error en un formulario, denegación de embarque, bloqueo técnico o incoherencia detectada en un expediente, no siempre resulta evidente saber a quién dirigirse: la administración del país de destino, la compañía aérea, el proveedor del portal, el centro de visados o el servicio de soporte técnico.
Esta fragmentación puede generar confusión, especialmente cuando la autorización obtenida antes de la salida no garantiza automáticamente la entrada en el territorio. Una ETA, un e-Visa o una tarjeta de llegada válida suelen permitir viajar hasta el punto de control, pero la decisión final corresponde generalmente a las autoridades fronterizas.
Una frontera que se prepara cada vez más antes de la salida
La frontera ya no se limita al mostrador de un aeropuerto o al puesto de control de un puerto. A menudo comienza antes del viaje, en el momento en que el pasajero rellena un formulario, solicita una autorización electrónica, transmite sus datos a una compañía aérea u obtiene una validación digital.
Esta evolución cambia la relación entre el viajero y la administración. La formalidad ya no es solo un documento que se presenta. Se convierte en un conjunto de datos que se transmiten, verifican, comparan y, en ocasiones, se reutilizan a lo largo de todo el recorrido.
El WEF también menciona el uso de la IA en la previsión de flujos migratorios. Estas herramientas pueden ayudar a los Estados y a sus socios a anticipar mejor los desplazamientos de población, planificar servicios u organizar determinadas respuestas operativas. Una vez más, la tecnología no elimina la incertidumbre, pero puede hacerla más aprovechable para decidir antes.
Para los viajeros, esta evolución refuerza la importancia de preparar sus trámites con precisión. Ya no se trata solo de saber si se necesita un visado. También hay que identificar la plataforma correcta, respetar los plazos, proporcionar información coherente, conservar las confirmaciones digitales y comprender el papel exacto de cada autorización.
Esta evolución afecta también a los profesionales del viaje, las compañías aéreas, las agencias especializadas y las empresas que acompañan la movilidad internacional. Cuanto más digitales se vuelven los sistemas, más esencial resulta disponer de información oficial, actualizada y correctamente interpretada.
La IA también transformará la migración laboral
El Foro Económico Mundial destaca, por último, el impacto de la IA en la migración laboral. Los sistemas que conectan perfiles profesionales, competencias y necesidades del mercado pueden desempeñar un papel cada vez más importante en las políticas migratorias.
Algunos países podrían utilizar más herramientas digitales para identificar sectores con escasez de mano de obra, orientar a trabajadores cualificados o acelerar determinados procedimientos. A la inversa, la automatización podría reducir la demanda laboral en sectores donde los trabajadores migrantes tienen una presencia importante, como la hostelería, el transporte, el comercio, la sanidad, la educación o determinados servicios.
Esta dimensión va más allá del simple viaje turístico. Muestra que la IA no solo transformará la manera de entrar en un país, sino también la forma en que los Estados organizan la movilidad, seleccionan perfiles, anticipan necesidades y estructuran sus políticas migratorias.
El WEF también menciona el impacto de la IA en los discursos en torno a la migración. Estas herramientas pueden amplificar informaciones falsas o relatos hostiles, pero también ayudar a detectar la desinformación y difundir una información más fiable. Para los viajeros, al igual que para los candidatos a la movilidad internacional, el acceso a una información clara y verificada se vuelve, por tanto, aún más importante.


