El Sudeste Asiático sigue siendo una de las regiones más dinámicas del turismo internacional, pero el periodo de rápida apertura iniciado tras la pandemia parece estar entrando en una fase más regulada.
Después de facilitar la llegada de viajeros extranjeros para acelerar la recuperación del sector turístico, varios países buscan ahora controlar mejor el uso real de sus políticas de exención de visado. El objetivo no es cerrar fronteras ni cuestionar la acogida de turistas, sino responder a problemas que se han vuelto más visibles para las autoridades locales.
Estancias turísticas utilizadas con otros fines, superación del periodo autorizado, actividades profesionales no declaradas, redes de fraude en línea o juegos de azar ilegales figuran entre los motivos señalados en varios países. En este contexto, las exenciones de visado, presentadas durante mucho tiempo como una herramienta de atractivo turístico, se convierten también en una cuestión de seguridad migratoria.
Tailandia quiere reducir la duración de la estancia sin visado
Tailandia es hoy el ejemplo más visible de este reequilibrio.
Bangkok prevé reducir de 60 a 30 días la duración de la estancia sin visado concedida a los nacionales de 93 países. La medida aún debe ser validada a nivel gubernamental, pero supondría un cambio importante en la política turística tailandesa.
En julio de 2024, Tailandia amplió su régimen de exención de visado para apoyar la recuperación del turismo y reforzar su competitividad frente a otros grandes destinos asiáticos. La estancia autorizada sin visado pasó entonces a 60 días para un gran número de nacionalidades, con posibilidad de prórroga en el país.
Menos de dos años después, las autoridades consideran que esa duración puede favorecer determinados abusos. Según los responsables tailandeses, algunos ciudadanos extranjeros utilizarían el estatus de turista para permanecer más tiempo en el país, ejercer actividades no autorizadas o participar en operaciones ilegales.
La reducción contemplada no significaría, por tanto, el fin de la exención de visado en Tailandia. Reflejaría más bien la voluntad de distinguir mejor entre una estancia turística convencional y presencias prolongadas que pueden responder a otros motivos de viaje.
Indonesia se plantea cambios tras varios casos de ciberdelincuencia
Indonesia sigue una lógica comparable, aunque por ahora no se ha anunciado ninguna supresión general ni modificación de la exención de visado.
La Dirección General de Inmigración indica que algunas facilidades de entrada podrían ser reevaluadas tras varios casos que implican a ciudadanos extranjeros sospechosos de estar vinculados a redes de fraude en línea, juegos de azar ilegales o estafas internacionales.
En los últimos meses, varias operaciones han tenido como objetivo a grupos de ciudadanos extranjeros presentes en Indonesia, especialmente en Batam y Bali. Para las autoridades, estos casos plantean una cuestión directa: ¿entran algunos viajeros en el país bajo la cobertura de un motivo turístico antes de desarrollar actividades ilegales o incompatibles con las condiciones de estancia?
También en este caso, el debate no se limita a la apertura turística. Afecta al uso real de la exención de visado y a la capacidad de las autoridades para identificar perfiles que no responden a una estancia turística ordinaria.
Una apertura turística ahora más vigilada
Malasia también se ve afectada por este debate. El jefe de la policía nacional, Mohd Khalid Ismail, ha vinculado hoy la política de exención de visado del país con la implantación de determinadas redes internacionales de estafas en línea. Según él, esta facilidad de entrada sería uno de los factores que permiten a grupos criminales extranjeros utilizar Malasia como base de operaciones o de tránsito.
Estas reflexiones llegan después de un periodo en el que las políticas de visado se concibieron sobre todo como palancas de recuperación. Tras la pandemia de Covid-19, numerosos destinos simplificaron sus trámites, ampliaron las exenciones de visado, desarrollaron visados electrónicos o prolongaron las duraciones de estancia autorizadas.
La prioridad entonces era hacer regresar a los visitantes internacionales, apoyar a las aerolíneas, los hoteles, las agencias de viajes, los comercios y el conjunto de la economía turística.
Esa lógica sigue vigente. Tailandia, Indonesia, Malasia, Vietnam, Filipinas o Camboya continúan apostando con fuerza por el turismo internacional. Pero las autoridades tratan de evitar que la facilidad de entrada genere zonas de vulnerabilidad.
El movimiento actual no equivale, por tanto, a un cierre regional. Se trata más bien de una fase de ajuste, en la que los países intentan preservar su atractivo al tiempo que reintroducen más control en las estancias de corta duración.
Las tarjetas digitales de llegada se convierten en una herramienta central
Esta evolución también se observa en la generalización de las tarjetas digitales de llegada.
En varios países del Sudeste Asiático, los viajeros deben transmitir ahora determinada información antes de su llegada o en el momento de pasar la frontera. Estos sistemas buscan agilizar los trámites de inmigración, pero también mejorar el conocimiento de los flujos de entrada.
Tailandia lanzó la Thailand Digital Arrival Card, o TDAC, obligatoria desde el 1 de mayo de 2025 para la mayoría de los viajeros extranjeros que llegan al país. Sustituye a la antigua tarjeta en papel TM6 y debe cumplimentarse en línea antes de la llegada.
Indonesia ha puesto en marcha el sistema All Indonesia, que reúne la información de inmigración, aduanas, salud y cuarentena en una única declaración digital. El viajero recibe un código QR que debe presentar a su llegada.
Malasia exige, por su parte, la Malaysia Digital Arrival Card para la mayoría de los viajeros extranjeros. Camboya también ha implantado una e-Arrival Card, que agrupa, entre otros elementos, el formulario de inmigración, la declaración sanitaria, la declaración aduanera y, para los viajeros afectados, el visado electrónico a la llegada.
Vietnam prueba desde abril de 2026 un sistema de tarjeta digital de llegada, inicialmente en el aeropuerto internacional de Tân Sơn Nhất, en Ciudad Ho Chi Minh, antes de una extensión progresiva a otros puntos de entrada. Laos se inscribe en la misma dinámica con su Digital Arrival and Departure Card, destinada a sustituir progresivamente los formularios en papel de llegada y salida.
Estas tarjetas digitales no son visados. Por sí solas, no modifican la elegibilidad de los viajeros para una exención de visado o para un visado a la llegada. Pero forman parte de la misma tendencia. Hacen más fluida la llegada para los viajeros habituales, al tiempo que ofrecen a las autoridades más información antes del control fronterizo.
El reto para los países de la región consiste ahora en mantener el atractivo turístico adquirido desde la recuperación posterior a la pandemia, limitando al mismo tiempo los usos indebidos de las facilidades de entrada. La exención de visado sigue siendo una herramienta de apertura, pero se convierte también en un instrumento más vigilado de gestión de la movilidad.







