El World Travel & Tourism Council (WTTC), que representa al sector privado de los viajes y el turismo, estima que la introducción de una tasa turística de 10 libras esterlinas por noche tendría importantes consecuencias económicas para Inglaterra y, más en general, para el Reino Unido.
Según un estudio realizado entre el 7 y el 11 de febrero de 2026 a 2.502 personas por el WTTC y la agencia GSIQ, el 29 % de los viajeros procedentes de los principales mercados emisores hacia el Reino Unido, Estados Unidos, Francia y Alemania, declara que consideraría elegir otro destino o renunciar a su viaje si se aplicara una tasa de 10 euros.
La organización cifra el impacto potencial en 14.400 millones de libras esterlinas menos en gasto turístico de aquí a 2027 si se implantara una medida de este tipo. Una contracción que, según el WTTC, provocaría un “efecto dominó” en toda la cadena de valor del turismo.
Gloria Guevara, presidenta y consejera delegada del WTTC, afirma que “el estudio es absolutamente claro: los impuestos propuestos a los visitantes provocarían una caída del número de visitantes internacionales al Reino Unido, así como un fuerte descenso del turismo nacional en los destinos ingleses más populares”.
“Se perderían miles de millones de libras para la economía británica, lo que daría lugar a un aumento considerable del desempleo, especialmente en los pequeños comercios, los restaurantes y los proveedores del sector de la hostelería”, añade Gloria Guevara.
Un impacto notable en el turismo interno
El estudio también destaca una reacción negativa dentro de la propia población británica. Ante la hipótesis de una tasa de 10 libras por noche, el 39 % de los británicos afirma que consideraría pasar sus vacaciones en otro lugar o que no elegiría el Reino Unido como destino.
Las familias se muestran especialmente sensibles ante esta posibilidad: el 42 % de los encuestados considera que una tasa de este tipo supondría “un problema importante o muy importante” cuando viajan en familia.
Para el WTTC, esta doble contracción, internacional y nacional, debilitaría un sector que sostiene alrededor de 4,5 millones de empleos en el Reino Unido, es decir, casi uno de cada ocho puestos de trabajo.
La organización recuerda además que el crecimiento previsto del PIB turístico británico en 2025 (+4,3 %) seguiría situándose por debajo de la media mundial estimada (+6,7 %), lo que, a su juicio, subraya el reto de competitividad al que se enfrenta el país.
Una consulta gubernamental que concluye este 18 de febrero
Este miércoles 18 de febrero finaliza la consulta pública lanzada el 26 de noviembre de 2025 por el Ministerio de Vivienda, Comunidades y Gobierno Local y el Tesoro sobre la posible introducción de una tasa turística en Inglaterra.
Este mecanismo, denominado “overnight visitor levy”, pretende otorgar a los alcaldes de las principales áreas urbanas inglesas la facultad de aplicar un impuesto local sobre las pernoctaciones de los visitantes en alojamientos comerciales (hoteles, bed & breakfast, viviendas vacacionales, etc.).
En la práctica, se trataría de una pequeña cantidad añadida a la factura del alojamiento, ya sea en forma de importe fijo por noche o como un porcentaje del precio de la habitación, una práctica ya habitual en muchas ciudades europeas para financiar servicios públicos, mejorar infraestructuras o apoyar la gestión turística.
Por el momento, no existe ninguna tasa nacional en Inglaterra; la consulta no se refiere a un impuesto obligatorio para todo el país, sino a la posibilidad de que determinadas autoridades locales o alcaldes puedan crear su propio gravamen si consideran que puede ayudar a financiar proyectos locales.
Alcaldes favorables a una herramienta de financiación local
Mientras el WTTC advierte de posibles pérdidas económicas, varios alcaldes ingleses defienden la tasa por pernoctación como un instrumento de inversión local.
En un comunicado publicado el pasado mes de noviembre, el Gobierno subraya que esta medida situaría a las ciudades inglesas “en pie de igualdad con los principales destinos turísticos del mundo”, como Nueva York, París o Milán, donde ya existen tasas similares.
El alcalde de Londres, Sadiq Khan, se ha mostrado especialmente favorable a esta iniciativa: “Dar a los alcaldes el poder de aplicar una tasa turística es una excelente noticia para Londres. Estos fondos adicionales apoyarán directamente la economía londinense y contribuirán a reforzar nuestra reputación como destino turístico y empresarial global”. También ha señalado su intención de trabajar “en estrecha colaboración con los sectores de la hostelería y el turismo” para maximizar los beneficios para la capital.
En Liverpool, el alcalde de la región, Steve Rotheram, considera que “ciudades como la nuestra deben competir en la escena mundial sin disponer de las herramientas básicas que en otros lugares se dan por sentadas”. A su juicio, “una tasa modesta permitiría mantener el dinero a nivel local y reinvertirlo en aquello que hace única a nuestra región”, recordando que la economía turística local genera más de 6.000 millones de libras al año y 55.000 empleos.
En el Gran Mánchester, Andy Burnham ve también en esta medida un instrumento para consolidar el crecimiento: “Es una excelente noticia que el Gobierno se comprometa a dar a los alcaldes regionales la facultad de introducir una tasa turística. (…) Esta tasa nos permitirá invertir en las infraestructuras que estos visitantes necesitan”. Recuerda que cerca de dos millones de visitantes internacionales generan alrededor de 9.000 millones de libras al año para la economía local.
Otros responsables municipales, especialmente en el Oeste de Inglaterra, el Nordeste o Yorkshire, hablan de un “voto de confianza” en favor de la descentralización y de la posibilidad de financiar transporte, eventos culturales, infraestructuras y servicios públicos locales mediante una contribución que califican de “modesta”.
Entre la tasa turística y la ETA, un marco de entrada al Reino Unido en plena evolución
Este debate se produce en un contexto de cambios en las condiciones de entrada al Reino Unido.
A partir del 25 de febrero de 2026, los viajeros exentos de visado británico, entre ellos ciudadanos franceses, belgas, suizos, canadienses y estadounidenses, deberán obtener obligatoriamente una Autorización Electrónica de Viaje (ETA) antes de su salida. Este nuevo trámite de pago se suma a los costes del desplazamiento y podría, según algunos actores del sector, afectar a la atractividad del destino.
Además, el precio de la ETA, actualmente fijado en 16 libras esterlinas, podría elevarse próximamente a 20 libras, lo que refuerza las dudas sobre el impacto acumulado de las nuevas cargas para los visitantes internacionales.







